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Investigaciones

Acoso callejero: visiones desde la vereda de enfrente

Ana Paula García, Agustín González, Valeria Machín, Lía Martínez

Resumen

Entendiendo que el acoso callejero es un problema real que sufren las mujeres uruguayas, en Colectivo Catalejo y el Espacio de Formación Integral: “Abordajes profesionales a la seguridad” de la Facultad de Ciencias Sociales - UdelaR se elaboró un estudio que da cuenta de por qué el acoso callejero es un problema en Uruguay, y cuáles serían las posibles soluciones que pudieran llevar a su erradicación.

El tipo de metodología llevada a cabo en el desarrollo del estudio, constó en la realización de distintos grupos de discusión, en dos cortes: jóvenes y adultos, mujeres y varones. Para el caso del grupo de varones se delimitaron dos subpoblaciones: varones jóvenes (menores de 25 años) y varones adultos (mayores de 25 años).

Los resultados primarios demuestran que, a nivel general los varones entienden el acoso como la invasión del espacio personal de alguien más, y donde la mayoría de las veces ese alguien más es una persona del sexo femenino. Entre los adultos surgió la pregunta de si en realidad cuando un hombre le dice algo a una mujer (dependiendo que sea) es realmente acoso; concluyeron que sí lo era en tanto eso ocurría sistemáticamente.

Por otro lado, los jóvenes se cuestionaban el hecho de intervenir frente a una situación de acoso, argumentando que no tenían las herramientas para poder intervenir pero que a su vez no hacerlo los convertiría en cómplices de la situación.

En lo que respecta a una solución a este problema, ambos grupos coinciden en que una posible campaña efectiva sería aquella protagonizada por un hombre y dirigida también a otros hombres; así como también generar espacio entre pares para hablar del tema y educar en por qué no debe reproducirse el acoso callejero. Introducción

Introducción

El siguiente estudio fue realizado por Colectivo Catalejo y el Espacio de Formación Integral: “Abordajes profesionales a la seguridad” de la Facultad de Ciencias Sociales - UdelaR. En el mismo se presenta un diagnóstico de las percepciones sobre el acoso callejero sufrido por las mujeres actualmente en Uruguay y las distintas formas de abordarlo.

El acoso callejero es un problema real que las mujeres atraviesan diariamente. En Uruguay, la Ley n°19580 “Ley de violencia hacia las mujeres basada en género” fue promulgada en diciembre de 2017 y “tiene como objeto garantizar el efectivo goce del derecho de las mujeres a una vida libre de violencia basada en género”, donde se enumeran los distintos tipos de violencia que comprende la ley (física, psicológica, patrimonial, acoso callejero, etc).

Para llevar a cabo este proyecto, se tomó como objeto de estudio una población de varones y mujeres, desde adolescentes hasta adultos, con los cuales se realizaron cuatro grupos de discusión divididos en dos cortes: jóvenes y adultos, mujeres y varones, para abordar ciertas temáticas vinculadas al acoso callejero. Este paper se concentrará en los grupos de discusión donde se relevaron las percepciones de los varones respecto a esta problemática.

Metodología

Sujetos: El objeto de estudio fueron los varones montevideanos. Con fines analíticos, se delimitaron dos subpoblaciones: varones jóvenes (menos de 25 años) y varones adultos (más de 25 años). Debido a que la técnica para la recolección de datos utilizada fue el grupo de discusión, la selección de los participantes fue realizada a través del método “bola de nieve”. Este consiste en contactar a un individuo, quien luego va a indicar el contacto de alguien con las características requeridas. De esta forma, a cada grupo asistieron entre cinco y siete personas. Se realizaron dos grupos de discusión, cada uno representativo de cada subpoblación.

Técnicas e instrumentos: El grupo de discusión es una técnica recolectora de información primaria que consta en la interacción de un grupo de participantes con ciertas características para recabar información a partir de disparadores que se generan durante el encuentro.

Procedimiento: Ambos grupos fueron moderados por un varón, decisión que también fue metodológica. Siguiendo la pauta elaborada, se consiguió generar un intercambio fluído y relevar diversas cuestiones, acordes a la intención del estudio.

Resultados

A partir del análisis realizado con el material recabado en los grupos de discusión de varones, se pudo observar que entienden el acoso como invasión del espacio personal de alguien más, y donde esa persona se encuentra en una situación de desventaja. De la mano de esa idea, surge también el planteo de que una situación de acoso es más factible que ocurra de un varón hacia una mujer y también cuando se encuentran un grupo de varones frente a una mujer, haciendo que esta se sienta inferior y desprotegida.

Primariamente, existe un consenso en ambos grupos en cuanto al tipo de “solución” considerada a juicio de los participantes como más efectiva. Una campaña, audiovisual, por ejemplo, que sea protagonizada por un hombre y se dirija directamente a otros hombres, es considerada como la opción que podría tener más repercusión. También hay acuerdo en cuanto a que lo audiovisual podría llegar a repercutir de manera más directamente, no así con una campaña que se asocia a la cartelería o la intervención del espacio público; en este punto existe disenso entre los grupos de mujeres y los de hombres.

Reflexión

El principal resultado obtenido en este estudio como ya fue mencionado, da cuenta de la existencia de una situación de desventaja por parte de las mujeres en el ámbito público.

Esta idea, también se relaciona con lo que históricamente se ha visto cómo una división de los roles asignados: teniendo a la mujer relegada en el ámbito privado, y el varón en el público. De esta forma puede comprenderse esa invasión del espacio personal en el ámbito público, entendiendo que el varón considera ese espacio de su pertenencia.

En el grupo de adultos, se cuestionó si en realidad el decirle algo a una mujer (dependiendo que fuese) podía considerarse como acoso. Otros argumentaban que en realidad sí lo era debido a que eso les ocurre sistemáticamente y que además, era invadir el espacio personal de alguien más. Esta discusión no tuvo lugar en el grupo de los jóvenes, ni siquiera salió a la luz, y se puede entender quizás, si tomamos en cuenta la diferencia generacional existente; esta diferencia no es significativamente mayor, pero da a entender el cambio que va ocurriendo en las diferentes generaciones y lo que lleva a que unos y otros tengan diferentes cuestionamientos.

Bibliografía

• Bourdieu, P. 1998, “La dominación masculina”. Barcelona, Editorial Anagrama.

http://latfem.org/uruguay-media-sancion-la-ley-integral-contra-la-violencia-machista/

• Texto de la Ley 19580 disponible en:https://www.impo.com.uy/bases/leyes/19580-2017

Violencia de Género en el espacio público de Montevideo: estudio etnográfico

Lena Fontela

El tema acoso sexual callejero, ha sido colocado en los últimos años en la agenda de debate, y el movimiento feminista ha jugado un rol fundamental en este sentido. Podemos observar que desde diversos ámbitos se pone en evidencia que existe una fuerte necesidad de las mujeres de visibilizar el fenómeno a través de diferentes mecanismos; las redes sociales son un termómetro y un escenario expositivo de lo que sucede a nivel tanto nacional e internacional en relación con el tema: los videos, los testimonios de mujeres que relatan sus vivencias, las peripecias para registrar y sortear el acoso dan cuenta del fenómeno y cómo se enfrenta.

Si bien el acoso en el espacio público existe desde tiempos inmemoriales, su caracterización y asociación con un evento que resulta molesto, violento es algo novedoso, reciente y es parte del debate que se ha generado. Esta investigación etnográfica realizada en el marco del Taller II de la Licenciatura de Ciencias Antropológicas, tiene por cometido aportar a la reflexión desde una mirada académica con una metodología particular que busca acercarse e identificar performances, prácticas, técnicas corporales así como atribución de sentidos por parte de los sujetos involucrados.

Al transitar por las calles y plazas montevideanas y utilizar servicios de transporte público como el ómnibus o el taxi, se pone en evidencia un sinnúmero de prácticas que surgen de la interacción de las personas. Detenerse, extrapolarse y observar a quienes habitan el espacio urbano puede brindar información sobre una amplia gama de acontecimientos que pueden ser categorizados desde el punto de vista social. Uno de ellos es el acoso de índole sexual que viven las mujeres; a pesar de las particularidades temporo espaciales es posible apreciar que es una práctica extendida y que se desarrolla de forma cotidiana y evidente.

A partir de esta simple constatación que surge de la observación exploratoria, y de las vivencias propias, es que comienza el interés por la investigación de este fenómeno urbano que se aborda a partir -como señalé anteriormente- de la metodología etnográfica. Agudizando la mirada podemos observar que las mujeres resultan pasibles de ser amenazadas, observadas, son un blanco de las diversas formas de acoso que coartan su libertad de movimiento y de acceso a los bienes públicos, hechos que limitan su tránsito autónomo, el goce de sus derechos y que en muchos casos implica el desarrollo de estrategias de auto cuidado en el recorrido por la ciudad.

Las manifestaciones que puede asumir el acoso sexual en el espacio público son variadas: miradas, verbalizaciones, insultos, toqueteos y refriegues; los efectos y reacciones también son distintos, tanto en quienes las ejecutan como en quienes lo reciben. En general esta conducta ha sido y es etiquetada como piropo o halago, pero lo que parece es encubrir un modo violento de control y búsqueda de la sumisión de los cuerpos femeninos, en un ámbito urbano que también se encuentra organizado según patrones de género.

Surge la pregunta de ¿cómo un acto violento puede ser legitimado, visualizado como necesario, normal, bello y natural? El análisis del ordenamiento de los espacios sociales asignados a los roles de género juegan un papel importante en las dinámicas sociales y determinan comportamientos de quienes transitan la ciudad. Los modos de ser varón y ser mujer en nuestra cultura enmarcarán los comportamientos; lo que se espera estará pautado por ritos, rituales y dinámicas que reproducen, atesoran, normalizan y naturalizan unas conductas que nacerán y se perpetuarán en determinadas condiciones socio históricas. El modo de mirarlas, reflexionar sobre ellas y juzgarlas así como de actuarlas o posicionarse frente a estas dependerá también de momentos sociales e históricos particulares (Segato, 2003; De Beauvoir, 1949; Godelier, 1986; Bourdieu, 2000; Ortner, 1995; Arendt, 2009; Noel & Garriga, 2010)

Bibliografía

• Arendt, H. (2009) La Condición Humana. 1era Edición. 5ta. Reimpresión. Paidós. Buenos Aires, Argentina.

• Bourdieu, P., & Jordá, J. (2000). La dominación masculina (Vol. 3). Barcelona: Anagrama.

• De Beauvoir, S. (1981) El segundo sexo (1949). Buenos Aires: Siglo XX.

• Godelier, M. (1986) La producción de grandes hombres. Poder y dominación masculina entre los Baruya de Nueva Guinea, Editorial Akal, España.

• Noel, G., & Garriga Zucal, J. (2010). Notas para una definición antropológica de la violencia: un debate en curso. PUBLICAR-En Antropología y Ciencias Sociales, (9).

• Ortner, S. (1995) Resistance and the Problem of Ethnographic Refusal. Comparative Studies in Society and History, 37.

• Segato, R. L. (2003). Las estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos. 1a ed. Bernal: Universidad Nacional de Quilmes.

Acoso callejero: un abordaje cualitativo

Maximiliana Cedréz, Lucía Greco, Manuela Rivero, Camila Videla

En el marco del Espacio de Formación Integral "Abordajes profesionales a la construcción de seguridad" se realizaron cuatro focus group, compuesto por hombres y mujeres. A continuación se pretende exponer el proceso y las conclusiones que emergen de los focus realizados con mujeres.

Para comenzar con el proyecto de investigación sobre Acoso Callejero se establecieron objetivos, que tienen como finalidad guiar y delimitar el proyecto. Como objetivo general se propone acercarse a las percepciones que construyen las mujeres sobre el acoso callejero, si lo viven en la cotidianeidad, cómo lo internalizan y en qué situaciones se manifiesta. Este trabajo se desarrolla con el fin de generar insumos para la campaña que realizará sobre dicha temàtica el Colectivo Catalejo.

Como objetivos específicos:

- Entender cómo es interpretado el acoso por las participantes y que es lo que estás entienden por acoso callejero.

- Generar un espacio de diálogo y escucha entre mujeres para que puedan manifestar cómo viven el acoso callejero.

- Recabar información sobre las experiencias atravesadas por las participantes en relación con situaciones de acoso y con su habitar el espacio público.

- Proporcionar una instancia donde las mujeres puedan reflexionar sobre sus propias vivencias, sirviendo como puntapié para la posible construcción de estrategias personales y/o colectivas para enfrentar situaciones de acoso en el espacio público.

La investigación se posiciona desde una metodología de abordaje cualitativo, debido a que el centro de interés de la investigación se encuentra en los discursos que emergen de las mujeres que viven en Montevideo sobre sus experiencias vitales al transitar los espacios públicos de la ciudad. La técnica seleccionada para abordar el tema de estudio fue la de grupos de discusión (focus group).

La selección de la técnica estuvo orientada a un relevamiento de datos caracterizado por: una mayor cantidad de información recabada en instancias temporales más acotadas en comparación con otras técnicas; así como también a un pensar dinámico y colectivo que posibilita la reflexión compartida, tal como se propone dentro de los objetivos de la investigación. Los grupos de discusión habilitan a que esa reflexión pueda ser disparada por la moderadora con estímulos relacionados a la temática en caso de ser necesario. Es por ello que el rol de ésta es principalmente de observadora y su intervención es mínima, siendo de relevancia en este tipo de investigación la discusión de las participantes entre ellas.

Se puede establecer que uno de los principios esenciales para que esta técnica de investigación represente la realidad de la manera más fiel posible y sus resultados no se vean sesgados por una incorrecta aplicación, consiste en que las participantes no se conozcan, es decir, que no tengan ningún tipo de relación previa a la realización del focus group. De modo que la muestra resulte lo más aleatoria posible, manteniendo el criterio de anonimato de quienes participen.

Se realizaron cuatro focus group, dos de ellos trabajados con varones y otros dos trabajados con mujeres, sub-agrupándolos por rango etario. El presente trabajo sólo abarca los focus realizados a mujeres. Se estableció un primer grupo compuesto por mujeres menores de 26 años y un segundo grupo compuesto por mujeres de 26 años o más. Se procuró que la muestra en ambos grupos fuera heterogénea, abarcando la mayor cantidad de círculos sociales posibles.

Este proceso comenzó a mediados del mes de Agosto, en conjunto con el Colectivo Catalejo se desarrollaron los ejes a trabajar en los focus group. Posteriormente se definió la pauta a utilizar, partiendo de los ejes desarrollados en conjunto. Luego se comenzó a buscar las posibles participantes, hasta formar grupos lo más heterogéneos posibles. En el mes de noviembre se llevó adelante el trabajo de campo realizándose los dos focus group de mujeres.

Conclusiones de la investigación

Los focus group realizados resultaron ser una experiencia enriquecedora tanto para las participantes, como para las investigadoras. Se pudieron observar variaciones en los discursos, principalmente en el caso del focus group hecho con mujeres adultas, donde al inicio se identificaron resistencias para identificar situaciones de acoso callejero, pero que fueron reconocidas en el transcurso de la discusión. Se reflexiona el tema, generando así un discurso que se construye de forma colectiva, puede observarse variaciones respecto al discurso inicial en comparación al discurso final. Esto evidencia un pienso en el discurso, posterior al intercambio y la reflexión colectiva.

Lo opuesto sucedió en el caso de las mujeres jóvenes, porque se evidenció un mayor reconocimiento del problema que implica el acoso callejero, expresado en el discurso de cada una de ellas, el cual tenía mayor contenido teórico sobre el tema que las participantes del otro grupo. Por otra parte, no se observaron variaciones en el discurso inicial y el final, dado que cada una de las participantes expuso su propio discurso construido y reflexionado de forma previa.

Se considera que ésta diferencia está determinada por el rango etario que caracterizó a cada grupo, ya que las mujeres jóvenes vivencian el acoso callejero como tal desde edades tempranas y no es naturalmente recibido como un “piropo” como conceptualizan algunas participantes del grupo compuesto por mujeres adultas. Esto demuestra un factor cultural y una alerta social que se ha ido modificando con el paso del tiempo.

En el grupo de mujeres jóvenes existen una mayor cantidad de estrategias de evitación al acoso, una de ellas es la de una fuerte selectividad a la hora de elegir qué vestir y qué no para transitar el espacio público, la elección de una ruta más segura para transitar la ciudad especialmente durante la noche y cuando se está sola, también la presencia de algún varón que acompañe es reconocida como una herramienta que disminuye la probabilidad de ser acosada y emerge la idea de un “código entre varones” según el cual no se acosa a una mujer por el respeto que merece el varón que la acompaña y no por el respeto que merece la mujer como persona en sí misma.

Respecto a las formas de enfrentar la situación de acoso callejero, ambos grupos acordaron que un primer enfrentamiento con la situación genera una reacción violenta, la cual aparece justificada por las mujeres jóvenes debido a la violencia intrínseca de la situación provocada por el acosador que despierta tanto el miedo como el enojo de las mujeres que lo viven. Según las participantes ésta forma no sería la reacción ideal para enfrentar las situaciones de acoso; en el caso del focus group de mujeres adultas, se hizo énfasis en la creación de un espacio en donde las mujeres puedan acudir en busca de contención para sobrellevar la situación vivida. Por otro lado, las mujeres jóvenes acuerdan que deben existir redes de contención para y entre mujeres, pero a diferencia del grupo de adultas, establecieron que deberían existir espacios en donde denunciar institucionalmente al acosador, es decir, que consideraron e incluyeron medidas punitivas para el abordaje de la problemática.

Por último, respecto a los mecanismos para combatir el acoso callejero, las participantes señalan que es necesario un cambio a nivel cultural, a través de la incorporación de la problemática en el sistema educativo, la realización de charlas informativas y talleres para concientizar sobre la problemática; así como la construcción de herramientas para actuar ante el acoso, y la implementación de campañas que concienticen tanto a varones como a mujeres implementadas a través del Estado y las organizaciones sociales.

De usos y abusos. Género, acoso y espacio público

Florencia Anzalone, Isabel Cedrés, Fernanda Delgado, Julián Reyes

Nuestra investigación aborda el fenómeno del acoso callejero y su relación con el uso y apropiación que hacen mujeres y varones del espacio público urbano en Montevideo. Buscamos conocer qué aspectos de las relaciones desiguales de género se manifiestan en el fenómeno, cómo se imbrica con los modelos hegemónicos de feminidad y masculinidad, y cuáles son sus efectos diferenciales en el habitar urbano.

El interés por la temática se relacionó con la importancia vivencial del acoso callejero para las integrantes de este grupo de investigación, así como en su relevancia política. Desde un principio pensamos, y luego confirmamos, que el acoso tiene un lugar central en la desigualdad de género, y su emergencia violentando la aparición del cuerpo femenino en el espacio público es políticamente muy significativa. Por otro lado, esta investigación también se fundamenta en la escasa producción académica sobre el tema, y particularmente en la carencia de un abordaje de la perspectiva masculina en las investigaciones existentes.

El diseño de investigación utilizado fue cualitativo. Realizamos entrevistas en profundidad a mujeres y varones de 18 a 30 años, habitantes de los municipios CH y D de Montevideo. Entendimos que esta metodología era la adecuada para la indagación de los sentidos construidos en torno al acoso callejero y para significar las vivencias de varones y mujeres.

Realizamos esta investigación en el marco del Programa de Apoyo a la Investigación Estudiantil de la Comisión Sectorial de Investigación Científica, de la Universidad de la República; y contamos con el apoyo de Diego Sempol como docente orientador.

Un hallazgo inicial de nuestra investigación -que confirma nuestras hipótesis iniciales y el acumulado teórico sobre la temática- implica la diferenciación sexual del espacio público; existe un uso más amplio y diverso por parte de los varones frente a uno acotado y funcional en el caso de las mujeres. El disfrute y la utilización ociosa del espacio público son en gran medida un privilegio masculino.

De las entrevistas no emerge una percepción clara y unívoca respecto al acoso de parte de los/as entrevistados/as; se mencionan elementos distintos y se valoran de forma heterogénea, lo que da la pauta de la complejidad de la práctica del acoso sexual callejero, así como de la pertinencia de su indagación teórica. Sí nos encontramos con que el acoso es una experiencia generalizada y recurrente para las mujeres, aunque existen profundas diferencias en la significación del mismo -y por lo tanto en su problematización- respecto a los varones. Mientras en los discursos de las mujeres entrevistadas se reflejó una mayor problematización de la temática y una valoración negativa del acoso -si bien con una fuerte graduación entre distintas formas que el fenómeno asume-, en las entrevistas de los varones se identificó, sí, un tipo de acoso como indeseable, «desubicado» y «grosero», pero hubo mayor indulgencia con otras formas de acoso caracterizadas como «piropos», cordiales, bien intencionados y no perjudiciales.

Mujeres y varones reconocen al acoso como una práctica preponderantemente masculina. En la visión de los varones, el acoso implica fundamentalmente un «problema de educación», vinculado a la pertenencia a una clase social baja y a la falta de madurez; se apela frecuentemente a la imagen del «obrero» o del «plancha» como potenciales acosadores. Los varones también identifican algunos y excepcionales casos de «acoso» realizados por mujeres, que son portadoras de un perfil similar al de los varones acosadores, emergiendo la imagen de la “rea”. La concepción estereotípica que portaron los varones entrevistados, en parte puede entenderse por el menor contacto directo de los mismos con el acoso sexual callejero.

Esta atribución del acoso a un varón mal educado, inmaduro y pobre es compartida en menor medida por las mujeres, ya que generalmente no reconocen un perfil único de acosador. Por otro lado estas tienden a la patologización del mismo. Esto último, no obstante, puede no deberse a un diagnóstico sobre la salud mental de los varones involucrados, sino a la utilización de categorías como “enfermo mental” como forma de agresión y descalificación del acosador. Es significativo, en este sentido, como esta noción patologizante individualiza la conducta e invisibiliza el carácter socio cultural de la misma.

Pensando en clave de género, desde pequeñas, en la socialización de las mujeres el miedo y los aprendizajes sobre los riesgos del espacio público ocupan un lugar preponderante, consolidando una feminidad asociada a atributos como la fragilidad y la necesidad de protección. Y, por otro lado, la masculinidad tiene como instancia constitutiva la negación del miedo, con procesos de socialización que tienden a afirmar el enfrentamiento de los riesgos mediante continuos aprendizajes físicos y psicológicos, así como a negar las emociones y sus manifestaciones. En el acoso callejero se actualizan estos códigos, configurando el rol de la mujer miedosa y pasiva así como el varón temerario y activo en la interacción.

Retomando la conceptualización del acoso como una práctica compleja, la misma situación puede ser significada como un acto de cortejo en el que emergen otros significados relacionados con la socialización de género: la belleza y la disponibilidad de la mujer, y la hipersexuailzación del varón -no como objeto sexual sino como sujeto sexual- y su rol activo en las interacciones sexo-afectivas. No obstante, construir las situaciones de acoso callejero como instancias de cortejo es común a los varones -que, además, muchas veces lo reconocen como un intercambio igualitario de reconocimiento en el que la mujer tiene la última palabra al rechazar o aceptar el cortejo-; pero se desprende del discurso de las mujeres el carácter indeseable de esta interacción y la asimetría de poderes que implica, percibiéndolo de forma muy lejana al cortejo.

Esta estructuración del acoso, ambivalente y compleja, da la pauta de la heterogeneidad de saberes y poderes imbricados en la producción sexual de nuestros cuerpos. La exploración académica nos permite la reflexividad y la indagación profunda de estos procesos; pero no desde una exterioridad objetiva y neutra, sino precedida por el compromiso político feminista por un espacio público radicalmente democrático; un espacio público al que accedamos todas e imaginemos todas según nuestros deseos, sin sostener el privilegio masculino con nuestra subalternidad.

Experiencias de acoso sexual callejero: miradas desde el interaccionismo simbólico

Lucía González

Esta investigación se realiza en el marco del Espacio de Formación Integral “Abordajes profesionales a la construcción de seguridad”, de la Facultad de Ciencias Sociales, en conjunto con el Colectivo Catalejo. Entendiendo al espacio público como un espacio masculinizado, se considera de relevancia estudiar el acoso callejero, una práctica normalizada que realizan los hombres en perjuicio del derecho de las mujeres a transitar libremente por el mismo.

El problema de esta investigación es el estudio del encuentro cara a cara entre un acosador y una víctima de acoso callejero. El principal objetivo es conocer cuáles fueron las principales sensaciones y reacciones de mujeres que fueron víctimas de acoso físico, exhibicionismo o persecución, en los diferentes espacios públicos de Montevideo.

El marco teórico sobre acoso callejero se toma de Patricia Gaytán. Entendiéndose por acoso callejero “una o varias interacciones focalizadas cuyos marcos y significados tienen un contenido alusivo a la sexualidad, en las que la actualización de al menos uno de los participantes puede consistir en aproximaciones sexuales indirectas (empleo de símbolos, mensajes escritos, silbidos a distancia, material pornográfico), soborno sexual, acercamientos, miradas, susurros y contactos físicos o proposiciones y comentarios sexuales que no son autorizados ni correspondidos, generan un entorno social hostil y tienen consecuencias negativas para quien las recibe. Es posible que involucren diferencias de jerarquía y estatus, y necesariamente implican un desequilibrio en las relaciones de poder entre los individuos que puede ser contrarrestado o no durante la misma situación” (Gaytan, 2007, p. 11).

El acoso sexual en lugares públicos presenta las siguientes particularidades: el medio esta constituido por un lugar o transporte público, no existe una relacion o conocimiento previo entre acosadores y acosados (anonimato) y no esta mediado por jerarquias institucionales, por lo que no se identifica en la interaccion del soborno sexual.

Como se mencionó anteriormente, este estudio se enfoca en casos de acoso físico, persecuciones o exhibicionismo, entendiendo que son situaciones que exceden el acoso callejero verbal que puede considerarse parte de la vida cotidiana de las mujeres que se desplazan por el espacio público, iniciándose en su adolescencia, incluso antes, y disminuyendo en la adultez.

El acoso físico consiste en “todas las formas intencionales en las que un hombre toca el cuerpo de una mujer sin su autorización en un lugar público. El contacto físico puede hacerse a través del propio cuerpo masculino, o mediante objetos como cuadernos, reglas, periódicos, entre otros. Las partes del cuerpo de las mujeres que son agredidas con estos contactos son preferentemente las nalgas, las caderas, las piernas, los órganos sexuales externos y los senos. (...) En todos los casos, estos actos tienen una connotación sexual” (Medina, 2016, 68).

Acerca de las persecuciones, “La señal más evidente de que se está desarrollando una persecución, además de la insistencia verbal, es el mantenimiento de la cercanía física por parte del acosador a través de intersecciones y transbordos” (Medina, 2016, 69).

El exhibicionismo “como una forma de acoso sexual callejero consiste en la exposición de los genitales generalmente por parte de los hombres frente a las mujeres desconocidas que transitan por las calles, o que viajan en un transporte público. La exhibición puede ir acompañada de masturbación” (Medina, 2016, 70).

La problemática se aborda desde la metodología cualitativa, y se desarrolla a partir de la teoría fundamentada cuyos presupuestos se introducen en el interaccionismo simbólico, el cual enfatiza las interacciones sociales como espacios específicos de interés investigativo.

El campo consiste en diez entrevistas en profundidad, con un criterio de saturación teórica. El criterio de selección utilizado fue territorial, en diferentes zonas de Montevideo y se accedió a ellas mediante la técnica de bola de nieve.

Los ejes incluidos en las entrevistas son: las percepciones sobre acoso callejero, las consideraciones sobre la vestimenta, horario al transitar, etc, y sus influencias en el acoso, opinión sobre los motivos de ejercicio de acoso callejero en general, opinión sobre políticas públicas tales como instalar cámaras, iluminación, descripción de la situación o las situaciones de acoso callejero físico, persecución o exhibicionismo, descripción del contexto, del agresor, si en el entorno había gente, qué hizo esa gente, como se sintieron y cómo reaccionaron, si cambiaron su rutina para evitar situaciones similares, si lo conversaron con otras personas, con quiénes y qué respuesta obtuvieron, si consideran que se puede revertir la situación y de qué formas.

Resultados preliminares:

Se pueden identificar las diferentes intensidades de acoso callejero, desde los ¨piropos¨ a los intentos de violación. Las entrevistadas afirman haber comenzado a vivir situaciones de acoso callejero desde la pubertad o la adolescencia.

No existe un perfil determinado de posibles víctimas ni de posibles abusadores, aunque está presente la idea de que la vestimenta o el horario pueden influir, en los hechos, cualquier mujer puede ser víctima y cualquier hombre puede ser agresor. A la hora de describir al agresor, se refieren a él como personas mucho mayores que ellas, y como locos, enfermos, anormales, hombre que tienen poco contacto fluido con las mujeres y necesitan hacer esas cosas para acercarse a ellas.

Respecto a la presencia de terceros, algunas de las situaciones se desarrollaron en presencia de muchas personas, por ejemplo, en ómnibus llenos. En esos casos, las victimas no se han sentido respaldadas, ya sea porque el acoso fue disimulado por el agresor y les queda la duda de si se dieron cuenta o no, o porque por más evidente que fuera el abuso, nadie hizo nada. Otras entrevistadas que tuvieron la posibilidad de pedir ayuda y la recibieron. Se pueden notar dos grupos, aquellas mujeres que no dudan en buscar ayuda en los demás, y aquellas que sienten vergüenza de la situación y prefieren no manifestarse.

Las principales sensaciones de las entrevistadas en los casos de acoso físico, exhibicionismo y persecución fueron miedo, enojo, impotencia, necesidad de pedir ayuda, necesidad de disimular, shock o paralización, no entender la situación o pensar que se están equivocando y que eso no está sucediendo, dudar si de verdad está sucediendo, ganas de salir corriendo. Las principales reacciones fueron pedir ayuda a terceros, simular que no pasaba nada, agredir al agresor, seguirle la corriente.

Las entrevistadas que cuentan experiencias de exhibicionismo, afirman haberlas vivido principalmente en la infancia y en la pubertad.

Algunas de las entrevistadas revelan el uso de auriculares para aislarse del entorno, no escuchar las cosas que les dicen, o la caminata en zig-zag, cruzar de vereda cada vez que tienen que pasar por una en la que se encuentra reunido un grupo de varones porque saben que algo les van a decir o que les pueden hacer algo.

Exponen que cuando salen al espacio público con otros hombres, el acoso no sucede. También mencionan que depende del hombre con el que salen, si los hombres que las acompañan presentan una imagen considerada poco masculina, se pueden dar situaciones de acoso de todas maneras.

Como formas de trabajar contra el acoso, proponen concientización para los adultos, educación desde temprana edad en las escuelas, y enseñanza de defensa personal para las mujeres. También consideran que es importante un respaldo legal, que los agresores sean sancionados aunque sea con una multa o trabajo comunitario, y que consideran que la video-vigilancia podría ser útil como prueba del delito, entendiendo que puede servir para casos como los estudiados pero no para el acoso verbal callejero. Respecto a una mejor iluminación en la ciudad, consideran que no es relevante ya que estas situaciones pueden suceder a cualquier horario.